Testimonio de hijos y discursos en los Escraches. Los resortes literarios de una memoria comunicativa

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Ni el flaco perdón de Dios

Portada Libro Juan Gelman: "Ni el flaco perdón de Dios"

Resumen: A lo largo de su lucha como organización por los derechos humanos, HIJOS ha logrado constituir una peculiar forma de acción y activación de la memoria de los desaparecidos de la dictadura, conocida como “Escrache”. En el artículo se designa el escrache como el vehículo de una memoria comunicativa que se fue estructurando a través de un proceso de socialización de experiencias traumáticas comunes al grupo que devinieron en prácticas de acción política, a fin de incorporar sus memorias en el ámbito societal. Por medio de los discursos del escrache y los testimonios de HIJOS se muestra la evolución de este proceso a partir de sus atributos narrativos.

Palabras claves: Escrache, HIJOS, memoria comunicativa, testimonios, discurso de escraches, performance, memoria colectiva.

Abstract: Trough their claims as a human rights movement, HIJOS have consolidated a peculiar way of action and activation of the memory of disappears of last military dictatorship in Argentina. It is known as “Escrache”. The essay conceptualizes the escrache as a vehicle of a communicative memory that it’s articulated through a process of sharing traumatic experiences lived for the movement as a whole, coming to be as a practical political action, in order to embodies its memories in the societal stage. The aim here is to show the progress to this process by means of analyzing  the discourses of escraches and testimonies of HIJOS, through its narrative issues.

Keywords: Escrache, HIJOS, communicative memory, testimonies, discourses of escraches, performance, collective memory.

Introducción

I

Desde su aparición en el escenario abierto por los nuevos movimientos sociales en Argentina tras el proceso de democratización,  los escraches se han constituido en importantes referentes para la acción colectiva de variados grupos que demandan al Estado derechos básicos tales como igualdad en la distribución de recursos económicos, equidad y justicia sociales. Tanto mejor: Los escraches marcaron a partir de su nacimiento una opción remozada de acción colectiva en diferentes niveles de la protesta social.

El escrache[1] es el móvil principal que identifica a la agrupación conocida como HIJOS[2].

La difusión del escrache y su puesta en escena como forma de condena social[3], configuran una serie de manifestaciones que hacen visible tanto al grupo demandante como  al blanco de sus demandas. Es en suma una lucha por la memoria, como divisa de la identidad[4], que una comunidad esgrime contra las variadas formas en que el Estado aplica políticas de olvido en relación con un episodio traumático de la historia reciente argentina, como lo fue la dictadura inmediatamente anterior al proceso democrático de comienzos de la década del 80. Si bien, el blanco directo de los escraches se concentra en individuos involucrados en la represión desatada durante la dictadura, hay que subrayar al Estado como un blanco central de la protesta, sólo que la dinámica de movilización acontece en primera instancia en el nivel de lo cotidiano donde el escrache ejerce su injerencia performática. Porque en el marco de la vida cotidiana descansa la posibilidad de que los culpables logren camuflarse con ayuda de la normalización que derivó de políticas de olvido impulsadas desde el Estado, y que como es de conocimiento general, apuró las leyes de obediencia debida y punto final al igual que las de indulto que llevaron a la derogación de las causas procesales imputadas contra los represores de la dictadura y de paso insinuó en el seno de los organismos de derechos humanos la dificultad que implicaba insertarse en los cauces procesuales de la justicia formal. En síntesis se podría decir que la descripción anterior informa sobre los antecedentes de los que surge el escrache como forma activa de lucha que pone a la justicia en el centro de su sentido, empero asume una vía participativa que confronta y devela los obstáculos impuestos por la justicia formal, sobre los cuales madura la impunidad[5].

De acuerdo con un tipo de estructura invariable, aunque susceptible de incorporar dinámicas propias en el momento en que es celebrado, el escrache se caracteriza por desarrollar una acción de apertura que atañe a la distribución pública de volantes en el barrio en que vive quien va a ser escrachado[6]. Es menester aclarar que el escrache no solo va dirigido a los represores militares, como tampoco a quienes estuvieron vinculados al aparato represor por otras vías, sino que también se efectúa contra lugares asociados a los centros clandestinos de detención y tortura, a su vez que incluye lugares representativos del poder público.

La distribución de volantes informativos del pasado negro[7] tanto de represores como de centros clandestinos, marca el comienzo del escrache. Con todo, esta estructura de partida deviene en el acto de denuncia y condena, de cuyos rasgos básicos sobresalen ciertas acciones que se desarrollan de manera ritual, entre las que importa aquí, la lectura frente a la casa del escrachado o las instalaciones oficiales que se asocian al aparato de tortura y desaparición, de un discurso que informa y resume el prontuario de muerte de un represor o un lugar, por el cual se elucida la persistencia de la impunidad que mueve al escrache. En términos de acción performática se destaca la exposición a lo largo de la marcha, de muñecos con los que se caricaturiza a los personajes ligados a la impunidad e injusticia, así como los grafitis y símbolos (en su mayoría imitaciones de las señales de tránsito con imágenes características de la represión, uso de modelos cartográficos para la ubicación del lugar, entre otros) que van dejando  en el recorrido y en el lugar del escrache. No obstante, será de importancia medular aquí las manifestaciones discursivas que comporta el escrache.

II

¿Por qué este apretado resumen del trasfondo del escrache, como exordio de un análisis que mirará de cerca las  representaciones literarias de la memoria atribuidas a HIJOS?

La respuesta  a este interrogante remite a un espectro de recursos conceptuales sobre los  que me apoyaré para mostrar por un lado cómo a través de los escraches y más específicamente de los volantes y discursos se construye un ‘relato de la impunidad’ por medio de artefactos narrativos que toman recursos propios del panfleto, donde el compromiso político de denuncia determina las urgencias de una representación del presente que apela al pasado en cuanto amerita revelar el perfil oscuro de los personajes y lugares objeto de dicho relato. Enseguida, intentaré ligar en clave histórica y por medio del análisis textual, la solución de continuidad entre dos formas de expresión escrita inherentes tanto al grupo, (HIJOS) como a su móvil de acción, (escrache). Para ello, pondré en diálogo, algunos de los testimonios consignados en la compilación hecha por Juan Gelman y Mara La Madrid intitulada, “Ni el flaco perdón de Dios”[8] con los discursos y volantes de los escraches, a fin de trazar un arco comprensivo de los modos en que este tipo de representaciones literarias de la memoria de los desaparecidos desde sus  hijos, cobra un matiz especial que informa sobre el problema de los recuerdos colectivos como constantes transtemporales  a través de las generaciones, pero también con el ánimo de demostrar la solución de continuidad subyacente a los testimonios y discursos en tanto radiografías, vía textual, del tránsito histórico de HIJOS que ha ido del recuerdo traumático a la acción política. Estos recursos conceptuales en primera instancia, consisten en mirar la base cultural de las expresiones literarias a través de narrativas que viajan paralelamente a las transformaciones de la comunicación estética, tal como lo refiere J. Roucek en sus interesantes planteos sobre la agenda futura para la construcción de una nueva sociología de la Literatura[9].

Parados en el lugar de enunciación de la denuncia contra el olvido, el silencio, y la impunidad resultante de ello, la agrupación HIJOS moviliza una serie de recursos variopintos. Estos pasan necesariamente por el plano del lenguaje narrativo mediante el cual recrean en principio, por medio del testimonio, y más adelante desde la acción política -específicamente a través de los discursos leídos públicamente en los escraches-, la articulación del cuerpo general de una “memoria comunicativa”[10]. Es en el núcleo de esta memoria donde reside la agenda política de la lucha de HIJOS, que toma el escrache como el vehículo reactivo de un conjunto  de recuerdos fantasmáticos inherentes a un trauma social y que irrumpen en la sociedad a partir de una performance compuesta de denuncia y acción lúdica como proyección oral y  teatral de dicha memoria, conceptualizada por J. Assman y J. Czaplicka como sigue:

For us the concept of “communicative memory” includes those varieties of collective memory that are based exclusively on everyday communications, that is characterized by a high degree of non-specialization, reciprocity of roles, thematic instability, and disorganization. Typically, it takes place between partners who can change roles. Whoever relates a joke, a memory, a bit of gossip, or an experience becomes the listener in the next moment. There are occasions which more or less predetermine such communications, for example train rides, waiting rooms, or the common table[11].

Es decir que la memoria a que apela la agrupación en función de localizar el recuerdo de un trauma colectivo como algo vivo, aunque para algunos de ellos no vivido pero acechante, parte de una comunicación cotidiana, en el contexto cotidiano y para colectivos que comparten una vida cotidiana. Por ende el uso de las expresiones verbales que ‘comunican’ están definidas como construcciones colectivas sobre las cuales se traslapa un relato que hace comunicable desde la denuncia, la intención del(os) que habla(n)[12]. En consecuencia, el uso del género del discurso flanquea los contornos del ritmo narrativo que caracteriza el reportaje investigativo a manera de un relato donde aparece la silueta de un personaje oculto cuya historia se cuenta en forma de prontuario (Curriculum mortae) y que pretende revelarle una verdad invisibilizada a lectores y oyentes. Discurso y performance se condicionan mutuamente.

La correspondencia práctica de esta mise en scéne que integra el escrache, constituye la cristalización de una memoria colectiva consciente de los vejámenes que arrostra la justicia formal. De ahí que el género, cercano al panfleto, tome los cauces del reportaje aun cuando utilice un arsenal narrativo que contenga elementos inherentes al relato. Más adelante y con ocasión del análisis de varios discursos me ocuparé de ilustrarlo. Por ahora permítaseme insinuar una opción de lectura de los escraches que abarca su dimensión performativa, cuya cualidad radica en que exhibe una composición polifónica a raíz del uso permanente de elementos relacionados con el carnaval[13]. Este dato no es desdeñable por cuanto permite ver el modo en que por intermedio del teatro y el panfleto oral se “parodia” un contexto de injusticia que el poder político perpetúa a través de sus leyes, e intenta la participación activa de todos, actores y espectadores del escrache, condensando este prisma de voces y poniendo al desnudo ese estado de impunidad. Allí el escrache con todo su utillaje estético y político se propone invertir mediante la acción carnavalesca una situación injusta que debe cambiar en y a la sociedad y que requiere de una “práctica concreta que se libra en un escenario…el escenario de la ciudad”[14].  No en vano la práctica misma del escrache recuerda remotamente las prácticas de sanción comunitaria que representaron  los Charivaris en Francia y los Rough music ingleses durante el siglo  XVIII, celebrados a raíz de la conducta amenazante de uno o varios individuos contra los valores y normas de la comunidad, quienes eran hostilizados mediante una cacofonía de sonidos (Rough music) hechos con ollas y tarros con piedras, figuras animales, marionetas, sangre de cerdos e incluso un discurso recitado, conocido como hominy excitantemente similar al discurso a escrachados con arenga rimada, parodias y quema de muñecos[15].

Desde un ángulo adyacente a la práctica, si se quiere “física” del escrache, que según lo que sostengo aquí modela el corpus de una memoria comunicativa,  transcurre simultáneamente la elaboración de una “narrativa incompleta” derivada del ingreso de los discursos de escraches a los medios relacionados con la Internet[16].  La convergencia de medios en que se despliega el mensaje de los discursos del escrache forja un horizonte abierto para la memoria comunicativa de la impunidad, toda vez que así se refuerza una red que rebasa las fronteras de la sociedad argentina y apela a la opinión desde afuera, sirviendo como plataforma de prueba del escrache en otras sociedades del continente, especialmente aquellas que en el cono sur experimentaron procesos dictatoriales con similares mecanismos de represión[17].

He aquí la doble dirección de la memoria comunicativa que nutre el escrache. En el campo de la acción práctica y en el campo de la comunicación virtual. Los medios narrativos que se expresan en el escrache condensan el aprendizaje compartido de la agrupación desde sus inicios. Su desembocadura, a instancias del presente, describe una parábola ascendente de corte genealógico que concita como una evocación potente los testimonios del Campamento Nacional de HIJOS en Córdoba (1995) y la definitiva cohesión del grupo tras la apuesta por la acción, ya fuera política o social. Estos testimonios contienen las piezas de una composición testimonial que transpira un sentir, ora lancinante, ora nostálgico, pero las más de las veces dignificante. En su intencionalidad deja ver los entresijos de un plan de acción con el cual los Hijos retoman el camino del cambio con el que caracterizan la lucha de sus padres. Expondré a continuación esos lugares utópicos, esa condición activa del recuerdo que moviliza a la agrupación aquí estudiada, bajo el derrotero de sus relatos.

Esculpiendo la memoria colectiva contra el olvido y el silencio.

I

El valor medular del escrache radica en su rol; catapulta hacia el escenario de la ciudad la huella de una memoria que se quiere conservar. Que pugna por su permanencia; encarna esa estela persistente de un recuerdo del cual sus actores tienen versiones indirectas y traza las zanjas de un dolor que devino en ausencia desde su inicio. Sobre el dolor se yergue el trasunto de un duelo en camino, poco antes de las declaraciones de arrepentimiento y confesión de Scilingo transmitidas por los medios a todo el país. Se confirma de labios de un represor los niveles de locura del plan de exterminio que desapareció a 30.000 seres humanos so pretexto de una conspiración comunista. Vuelve un silencio pétreo sobre el rostro de la sociedad. Entretanto se desmadra entre las víctimas el deseo de re-actualizar una lucha que mueva la impávida realidad del genocidio. La ola arrasante de las voces de los organismos de derechos humanos levanta consigo los cimientos de una sociedad civil embotada en el proceso de reformas estructurales que propala el menemato. Torna sobre un brazo caudaloso la corriente cíclica de la protesta hacia los deltas del Estado que acelera el perdón y prescribe el olvido a 20 años del “Proceso”. Para el Estado la herida de las familias de los desaparecidos pareciera cicatrizar a través de indemnizaciones jugosas transando la muerte incierta por un puñado de monedas. Es el año de 1995.

Vale la pena insertar aquí la hipótesis de S. Tarrow que mantiene que los ciclos de la protesta se redoblan a la medida de las oportunidades políticas[18]. El revuelo de las declaraciones del capitán Adolfo Scilingo junto a la displicente confirmación de los métodos de tortura del jefe del ejército Martín Balza,  desencadenan para entonces un nuevo pico en las demandas de los movimientos de derechos humanos, al tiempo que en la esfera de la protesta social que deriva de los cambios socio-económicos generados por la introducción del neoliberalismo en Argentina, promueven nuevas formas de acción colectiva a despecho de aquellas formas tradicionales centradas en la presión sindical: Piqueteros en el sur cortan rutas como operación de boicot contra los complejos petroleros de la provincia de Neuquén[19]. Movimientos campesinos rebrotan en el horizonte reinventando tradiciones de lucha al unísono de los “momentos de maniobra”. La resistencia social emerge como una sinapsis de neuronas crispadas cuya reacción toca las fibras nerviosas de una sociedad sedada. Sobre los despojos del silencio eclosiona la voz de quienes fueran los hijos de los desaparecidos. Es tiempo de hablar.

Es en el campamento de Córdoba donde florecen los primeros murmullos: “Nosotros los hijos de desaparecidos, no somos culpables de lo que pasa  en la sociedad argentina (…) Lo que podemos hacer es rescatar la historia de nuestros padres (…) Hay que buscar la condena moral de los asesinos. Lograr el castigo social. Que el país sea una cárcel para ellos (…)[20]. Su tono trasluce un camino por andar. Contrasta con el alba brumoso de los primeros años de ausencia, que disipara los recuerdos en la mesa familiar. En los testimonios reunidos en el libro “Ni el flaco perdón de Dios”, la constante recurrente es el silencio; aquello de lo que no se puede hablar: “Cuando pasó lo de mi mamá, fui a vivir con mi otra familia y a mi abuela le tenían prohibido explicarme que había pasado con mi mamá. Yo le preguntaba a ella: ¿Qué pasó con mi mamá?, ¿Está viva? ¿Está muerta? Está muerta mi mamá, le decía en la cara[21]. Otro de los testimonios lo comprueba: “Los primeros años de mi vida pasaron en ese clima desastroso porque nadie me podía explicar, a mi corta edad, que había pasado con mi padre, que había pasado con la sociedad”, recuerda Mariano[22]. El recuerdo cruzado por aquello que, en uno de los relatos, Gilou García llama “un agujero en las palabras”, marca el tono de los testimonios. Están espetados muchos de ellos por la huella del trauma familiar ligado a la ausencia[23]:

“A pesar de que tengo recuerdos de mi madre desde el amor, el episodio terrible de su muerte me perturba. Hace más de un año que busco un bebé y no viene y me pregunto si no es por el miedo a tener un chiquito en brazos y que surja de nuevo el peligro.  Tendrá que ver que yo tenía 8 años cuando la mataron.  Yo estaba aprehendiendo a ser mamá, a ser mujer con ella, y eso se cortó y no lo tuve más’’[24].

Con los dejos de una voz que se sume en el jadeo de recuerdos dolorosos, podría pincelarse la impresión que deja la lectura de estos testimonios. Están a un lado, de las coordenadas  del trauma que describe P. Levi cuando habla como “salvado” y se dispensa de su osadía al hablar por “los hundidos”, a quienes nadie podrá traducir porque su voz es de un horror inenarrable, innombrable[25]. No hay testigos directos en el testimonio. Para quien no es testigo el horror se vuelca sobre un fantasma, y en el cuerpo del hijo, que está al margen del dolor físico en tanto huella, pervive la resonancia de un enigma, no en vano sigiloso, puesto a diario como un traje, vertido en las operaciones rutinarias de lo cotidiano: “Ya de grande, un día me di cuenta de que cuando me bañaba no podía cerrar los ojos porque tenía sensaciones de que me iban a cagar a trompadas”[26]. Los sobresaltos se repiten como en sordina a lo largo del texto. Devaneos oníricos que se filtran como fragmentos de poemas…”Tengo una muñeca. Desde hace muchos años le falta una pierna. De repente la encuentro y se la pongo”[27].

Subyace a los fragmentos citados de los testimonios un ritmo que los despide hacia otro nivel. No son testimonios localizados en el lugar de los inventarios. Se trata de evocaciones, reminiscencias de un intimismo incompleto. Según la idea de la tradición filosófica asociada a la memoria que va desde Platón a Freud, la referencia metafórica a la memoria toma el concepto de ‘imágenes impresas’ como su eje[28]. La imagen del objeto a recordar en muchos de los casos  está ausente. Se le reconstruye con las piezas dispersas de una sensación de espera. Su narración en el testimonio pasa de la espera a la desesperación, como por ejemplo en el caso de Patricia:

“A tu papá lo mataron…y una decía, si, está muerto pero ¿cuándo va  a aparecer? Era una contradicción. Nosotras sabíamos que cuando un compañero no aparecía más, cuando un día no iba a casa, eso quería decir que no lo veríamos más. No sé si nos dábamos cuenta de que era la muerte, sabíamos que no estaba, que no iba a aparecer”[29].

Aquella desesperación contenida fluye sobre las tranquilas aguas de la vida cotidiana, inmersa en la rutina diaria de la sociedad argentina de los 80. En la niñez extrañada, en la lenta apropiación de una condición singular: “Cuando era chiquita soñaba que era una hormiguita y me pisaban. Entonces iba y les comentaba a mis compañeritas que me había muerto porque me habían pisado”[30]. Estos fragmentos citados tienden a reproducir la misma anatomía de los testimonios. Fragmentos que a tientas buscan el final de una historia de retazos, miedos, silencios: “La historia de mi vieja también tiene un final, en toda historia uno quiere hacer el final. Pero ¿Qué final le doy a mi historia? ¿Qué final le da uno a una historia? Esa es mi pregunta”[31].

II

B. Schwartz sostiene que, “La Memoria invocada en el contexto de crisis presentes está arraigada en experiencias generacionales”[32]. Esta horizontalidad generacional está dotada de un conjunto de tramas significativas determinadas por los usos de las palabras y el universo del sistema cultural en el que maduran estos usos[33]. Es su base cultural el punto de convergencia que propicia márgenes de intersubjetividad comunicativa. Es allí donde se solda lo que Balliah llama una “comunidad de memoria”[34]. De tal suerte que el ámbito en que va esculpiéndose la memoria común a los HIJOS devela por un lado la inserción de una “memoria comunicativa” en una “memoria cultural”[35]. Irá a expresar con fuerza la estructura del imaginario social, a través de la palabra. No niego con ello el lugar de la práctica social en esta transformación. Sin embargo lo que me importa concentrar es el papel del las formas narrativas contiguas a este tipo de memoria que se va forjando.

Los testimonios toman en cuenta el lenguaje común, su base cultural común, incluida la experiencia del trauma, para comunicar la voluntad de acción de aquellas experiencias. Mencionaré tres de los ejemplos claves situados en las páginas del texto analizado. El primero es de Mariano:

”Para conseguir una condena moral de la sociedad hay que tener un diálogo, que la gente te escuche, te lea. Siempre que hablás con alguien tenés que hablar un idioma más o menos parecido, sino, no te entienden…no es casualidad que la gente esté como esta en el sentido de la memoria. También en mi generación no hay para nada conciencia. Lo que hay es mucha culpa y entre los más chicos hay mucha desinformación o mala información”[36]… “No queremos para nada decir: “no tengo nada que ver, era chiquito y no sabía nada”. Yo en ese momento era chiquito y no entendía nada, es cierto. Pero ahora soy grande y se y entiendo y me responsabilizo por lo que sé”[37]…”Un juicio, si, un verdadero juicio, solo será posible si la sociedad lo pide. Tiene que ser una necesidad de la sociedad. Porque la sociedad, en su mayoría no ha dicho nada. Ante el indulto la mayoría del pueblo se calló la boca.”[38]

A partir de este punto de quiebre de las voces con que comencé el presente análisis, es decir, en la bisagra que abre el paso del recuerdo traumático a la acción política, las estrategias comunicativas se articulan alrededor de un discurso hecho en el seno de una experiencia común que se torna en una proyección de la memoria como arma. Se opera entonces un cambio importante que va de la palabra interior a la palabra colectiva, de la “memoria completa” a la “memoria colectiva”[39]. HIJOS volcará a propósito su energía en el terreno de la organización política, soldando en la práctica uno de sus acuerdos programáticos: la horizontalidad. Éste acuerdo informa igualmente acerca de cómo se organiza la investigación. Las comisiones de identidad y escrache cohesionan hacia adentro y hacia afuera al grupo mismo. La comunicabilidad con base en el escrache acopia sus instrumentos a su favor y en función de fortalecer la “red estratégica”. Toma forma de “vehículo de memoria” cuyos ejes estriban en el discurso y la performance. El discurso del escrache abre el telón del recuerdo del ‘currículum mortae’ del escrachado. Uno de varios discursos analizados aquí se titula “La dudosa historia de un fiscal que fue abogado de la ESMA”. En el discurso ronronea la voz sardónica del escrache:

“Los vientos de revisionismo han llegado al corazón de la Justicia como en un huracán. La Procuración General de la Nación abrió un expediente administrativo para analizar vida y obra de un fiscal que podría ser destituido porque trabajó en la Escuela de Mecánica de la Armada, durante la última dictadura militar… un abogado de apellido Hermelo -su nombre de guerra era Vaca- que estaba encargado, junto con otros, de administrar el botín obtenido por los grupos de tareas en los secuestros. ¿Se trata de una gran casualidad o es el mismo Hermelo? Uno de los que sostiene que el fiscal participó en la represión ilegal es el ex capitán arrepentido Adolfo Scilingo, quien relató los asesinatos ejecutados por la Marina en los vuelos que se hicieron para arrojar a personas aún con vida sobre el Río de la Plata”[40] .

Los encabezados de un buen número de discursos marcan un leit motiv narrativo que le confiere al discurso mismo una polivalencia genérica. El discurso a manera de reportaje contiene una trama simultánea que se desarrolla, a medida que utiliza las minucias policíacas del prontuario indicado:

“Hoy llegamos con el escrache al barrio de Villa Pueyrredón, a una calle como tantas. En aquella casa, a lo lejos, vive Alfredo Bisordi”[41]El escrache llego hoy a Paternal, y esta vez le toca a un policía que se esconde aquí, en la tranquilidad del barrio que descubrió con asombro desde el 15 de junio  que por sus calles camina un genocida, un torturador”[42]…”Por las calles del barrio camina un represor. Carlos Alzugaray. quien en 1975 integró el grupo de tareas de la Dirección de Investigaciones de la Policía de Entre Ríos que en la madrugada del 20 de marzo de 1975 secuestró de la vía pública al dirigente barrial y militante de la Juventud Peronista Héctor Ramón “Pichón” Sánchez”[43]El escrache llega al barrio de Saavedra. Esta vez para escrachar al genocida  Olea que se esconde aquí, en un barrio que descubrió  que por sus calles camina tranquilamente un represor”[44].

El cuerpo de los textos se asocia al panfleto político por medio de la narración de una verdad sobre acontecimientos compartidos por una comunidad de memoria. Se construye por dichos acontecimientos, cierto “Lazo social” determinado por la experiencia común y un discurso semejante, consolidando el discurso en el plano de las relaciones sociales, más allá del lazo social[45]. Se podría decir que HIJOS trata con una dialéctica desde adentro cuya función consiste en preparar mediante el discurso una relación dialéctica de mayor envergadura, o sea una resolución de la verdad en el seno de una sociedad a la que le ha sido ocultada ésta. Su apuesta se dota de recursos propios de la protesta y apela a un público amplio mediante la imagen, la palabra, y la movilización. En este sentido el uso de la imagen les llega como un legado de la acción de Las Madres de Plaza de Mayo[46], en tanto el uso del discurso y la performance que componen los escraches constituyen su acción central. La dialéctica de la verdad en los discursos contiene pasajes en los que se describe minuciosamente el papel del personaje implicado en el aparato de tortura de la dictadura militar:

Enrique Braulio Olea fue responsable directo del Centro Clandestino de Detención “La Escuelita” de Neuquén, se halla procesado por su participación en homicidios, privaciones ilegales de la libertad y torturas. Olea hoy está libre”[47] “Jorge Héctor Vidal, un médico forense de la policía de la Provincia de Buenos Aires, que usó sus conocimientos al servicio de la muerte, del genocidio. Jorge H. Vidal, torturador en los Centros Clandestinos de Detención Pozo de Banfield y Brigada de Investigación de San Justo durante la última dictadura militar, participó en la apropiación de los bebes de las detenidas desaparecidas, asistiendo a los partos, falsificando los certificados de nacimiento”[48].

Una de las más fuertes evidencias demostradas a través de los discursos es la contradicción que deriva de aquella dialéctica de la verdad. La verdad contradice la realidad. Los represores andan sueltos, confundidos en el barrio: “Seguramente ahora, está espiando desde ese primer balcón, como seguramente estuvo espiando desconcertado a los vecinos cuando los primeros días de enero se empezaban a juntar alrededor de la estatua del Cid. Es que hasta hace poquito, nomás Donocik  dormía tranquilo y caminaba por las calles del barrio con total desparpajo”[49]. La investigación que precede al escrache y que reproduce el discurso se hace en colectivo, al interior de las tareas de seguimiento al represor que hacen HIJOS con suma eficacia y discreción. De aquella investigación se construye el relato, convietiéndolo en un arma expresiva de la memoria de HIJOS, habida cuenta de la transmisión que se busca de ella. Su trasmisión concreta el legado activo de esta potente memoria comunicativa que portan los discursos.

Tal es el arco que he querido trazar en este ensayo. Por esta vía he querido plantear que la memoria comunicativa de HIJOS trasmite el contenido de su experiencia (traumática en este caso y por la cual se reconocen y se agrupan) a través de un un tipo lenguaje dinámico, contestatario, y movilizante que busca instalar los rastros de aquella experiencia traumática en el cuerpo de su sociedad.

Diego Fernando Ortiz vallejo

[1] El escrache según la definición convencional de sus creadores, H.I.J.O.S, es una acción cuyo fin apunta a poner en evidencia a los represores y lugares de tortura de la dictadura argentina de 1976-1983. A través del uso del arte visual, el teatro, el panfleto y acciones de escarnio público de tipo oral mediante la puesta en escena de múltiples recursos,  HIJOS y más tarde otros grupos, instalarán el escrache como una práctica que apunta a mantener activo en el recuerdo colectivo la afrenta de la justicia impartida por el Estado, denunciando la presencia impune de los represores en libertad que conviven ocultos en el anonimato de la cotidianidad. Existe una modesta literatura que aborda la noción de escrache, casi siempre basada en la definición atribuida por la agrupación. La más importante y quizá más atenta a desarrollar el tema es la de Pablo Bonaldi, “Si no hay justicia hay escrache”.  El repudio moral como forma de protesta. Documento  impreso, S/F.  Véase también, Diana Taylor, “”You Are Here”: The DNA of Performance,” TDR (1988-) 46, no. 1 (Spring 2002): p. 150, S. Kaiser, “Escraches: demonstrations, communication and political memory in post-dictatorial Argentina,” Media, Culture & Society 24, no. 4 (2002): 499, S. Kaiser, To punish or to forgive?  Young citizens’ attitudes on impunity and accountability in contemporary Argentina, “Journal of Human Rights” 4, No 2 (2005): 171-196.  De rápido abordaje está, Ludmila Catela Da Silva, No habrá flores en la tumba del pasado,  Al Margen, La Plata, 2001, P. 262. Por otro lado, existen tres ensayos publicados en la revista ‘’HIJOS’’ relativos  al escrache: el primero es de marzo de 2000 titulado ‘’Si no hay justicia hay escrache’’ el segundo, ‘’Escrache, el regreso’’ del mismo número de marzo de 2000 y el tercero, ‘’Pensar el escrache’’ de agosto de 2001.  Cabe resaltar como contraparte de una bibliografía escasa, dos ensayos publicados en la Web, ‘’La Historia de HIJOS’’ www.hemisphericinstitute.org/cuaderno/hijos/index/html y el segundo,  ‘’Escrache móvil/opinión personal’’, www.hemisphericinstitute.org/cuaderno/hijos/index/html. La definición etimológica del escrache proviene de una alocución propia del lunfardo que significa poner en evidencia,  escudriñar. Consultado en,  http://www.nacionesunidas.com/diccionarios/argentina.htm. La definición de escrache por  HIJOS está publicada en www.hijoscapital.org.ar.

[2] Varios textos y artículos hacen referencia a la distinción entre una sigla y otra (con puntos y  sin puntos; en la nota 1 de este ensayo se usa con puntos). Los más importantes son Ludmila Da Silva Catela “no Habra flores”.. P. 256,  y Santiago Cueto Rúa. HIJOS La Plata la democracia en cuestión. Tensiones entre el discurso de HIJOS y la legalidad democrática. Trabajo final para la  obtención de la licenciatura en Sociología. Dic. 2002, art pdf. Pp. 12-14. Utilizo la sigla sin puntos en el texto con el propósito de destacar su uso entre algunas regionales de las cuales se encuentra la de La Plata. Me abstengo aquí de explicar las razones por las cuales se marca esa distinción entre los grupos, conocidos como “redes regionales”, unidos en la “red nacional”. El desarrollo de todos estos usos, giros y rupturas internas se encuentra problematizado en Cueto Rúa, óp. cit. Pp. 12-14 y Bonaldi óp. cit. Pp. 16-21.

[3] Tal como consideran los grupos encargados de efectuar los escraches, el fin último de éstos se pretende como un mecanismo alternativo de condena social que sirve como juicio popular para llenar el vacío que deja la justicia impartida desde los aparatos judiciales, cuya ausencia permite la persistencia de una herida social expresada en forma de  duelo no cerrado, que solo comenzaría su elaboración cuando este aparato jurídico determine el castigo  que merecen los inculpados, consistente en prisión común y perpetua sin concesiones de ningún tipo. Como quiera que esta forma de argumentación de última ratio apunta a dotar al escrache de un sentido instrumental, está pensada también desde la esencia lúdica que comporta la protesta mantenida por esta agrupación en contraste con formas reclamatorias que se incrustan en la lógica procedimental impuesta por el Estado, y que hacen del  escrache una modalidad de acción colectiva de suyo genuina en el abanico de acciones que conforman el escenario de la protesta social en Argentina. Un análisis que define  esta forma de protesta como “performance para la trasmisión del trauma” es, Taylor, “”You Are Here”,” P.152

[4] Respecto al problema de la identidad como determinante inicial en el proceso de consolidación de HIJOS, véase Ludmila Catela, “No habrá flores” P. 262-264. Con relación al conceptos de “Luchas por la memoria” los textos más significativos para el caso argentino son E. Jelin Los trabajos de la Memoria. (Buenos Aires, Siglo XXI, 2001) 155 págs. B. Groppo, P. Flier. La imposibilidad del olvido. Recorridos de la Memoria en  Argentina, Chile y Uruguay. (La Plata, Ed. Al margen, 2001), 264 págs.

[5] A propósito de las posturas defendidas por la agrupación, véase el interesante debate sostenido entre miembros de la Mesa Popular de Escrache e HIJOS en el marco de la Publicación del Colectivo Situaciones; Cf. Colectivo Situaciones, Especial de Escrache. Ediciones de Mano en Mano, S/F.

[6] El análisis más completo de la estructura del escrache y sus procesos de transformación interna lo hace Bonaldi, Pp. 16-22. Cabe anotar que las descripciones de la dinámica de escrache están especificadas con alguna minucia en los textos citados en la nota 1 de este ensayo. Por cuestiones de espacio, aquí hago una descripción tópica del escrache.

[7] Los responsables del escrache, entre quienes se encuentran, HIJOS, Mesa Popular de Escrache, Correpi, y otras organizaciones de compromiso político, artístico, y cultural designan este “pasado negro” de los represores y Centros de Tortura como el “Curriculum mortae” , ya de por si dejando ver el papel que juega el elemento paródico en sus acciones.

[8] Juan Gelman, Mara La Madrid, Niel Flaco Perdón de Dios: Hijos de desaparecidos, (Buenos Aires, Planeta, 1997) , 409 págs.

[9] Citado en Francoise Perus, “Semiologia, literatura y análisis del discurso,” Revista Mexicana de Sociología 51, no. 1 (Marzo 1989): 151-175. P 156

[10] Uno de los más sugestivos avances conceptuales al rededor de los estudios sociales de la memoria está consignado en, Jan Assmann and John Czaplicka, “Collective Memory and Cultural Identity,” New German Critique, no. 65 (Spring – Summer 1995): 126. El concepto  de memoria comunicativa trabajado en este artículo recorrerá las páginas del presente ensayo como uno de sus ejes teóricos básicos.

[11] Assmann and Czaplicka, “Collective Memory and Cultural Identity.” P. 126.

[12] La designación del escrache como “estrategia comunicativa” es juiciosamente desarrollada por Kaiser, “Escraches,” Pp. 503-504. La mirada de Kaiser sin embargo subestima la práctica del grupo dentro del espectro de la acción colectiva, ya que vuelca su análisis sobre la estrategia comunicativa del escrache en tanto móvil exclusivo de HIJOS aun cuando sea evidente cómo éste ha interpenetrado otras organizaciones y otras demandas ajenas al impacto mediático que consigue el escrache y sus demandas en televisión, radio y prensa. El anterior se piensa como un tema difícilmente abordable en este ensayo, pero que sin duda espera por sus investigadores  sociales.

[13] Desde luego estoy refiriéndome a las propuestas conclusivas alrededor de un programa teórico sobre el Carnaval que desarrolla Mijail Bajtin en su libro, La cultura Popular en la edad Media y el renacimiento. El contexto de François Rabelais. (Madrid, Alianza, 1994) 430 págs. Especialmente la idea de polifonía del carnaval es analizada en la introducción Pp 7-53.

[14] H.I.J.O.S, “Si no hay justicia hay escrache”. Revista HIJOS, 1, 1, Marzo 2000.

[15] Al respecto véase, Nathalie Zenon Davis. Charivari. AHR No 197, abril 1995, pp 345-380. E.P Thompson. Rough Music. Le Charivari anglais. Annales E.S.C, No 1, 1972: 398-426. Más adelante, Thompson ampliará su análisis en Costumbres en común. (Barcelona, Crítica, 1991). El texto pionero es, Violet Alford. Rough Music or Charivari. Folklore, Vol. 70, No 4 (dic. 1959), pp. 505-518. Raúl Zibechi hace una alusión a este parecido con los escraches en su libro, ‘’Genealogía de la revuelta’’, (Buenos Aires, Nordán ediciones 2003), especialmente el cap. 2. También puede verse en Bonaldi Pp. 27-29, quien sugerentemente invita en su conclusión a intentar un proyecto de análisis comparativo que se aproxima, en mi opinión, a la concreción de un proyecto que revisara, -a propósito de estas dos prácticas lejanas entre si y los contextos que las caracterizan-, la tesis de Aby  Wargburg sobre la transmisión de los artefactos culturales a través de una “memoria humana”. Aun cuando esta posibilidad sea aquí apenas anunciada, marca una veta de análisis interesante. Véase Alon Confino. Collective Memory and Cultural History: Problems of method. AHR, 102, No 5 (dec 1997): 1386-1403.

[16] Una aproximación puntual en el análisis de las narrativas completas/ incompletas se encuentra insinuado en, M. Castells, La galaxia Internet. Barcelona: Plaza & Janés, 2001. Para más detalles puede consultarse, P. Lunenfeld, The digital dialectic: new essays on new media. Cambridge, Massachusetts: The MIT Press, 1999. No serán analizados aquí los discursos de escraches a la luz de este par binario. Tan solo me propongo anunciarlo como posible ángulo de análisis.

[17] Como por ejemplo la Funa en Chile y el Escrache en Uruguay. En Brasil se celebraron algunos Escraches en el marco de una experiencia compartida entre H.I.J.O.S y organismos de derechos Humanos en Brasil contra el plan cóndor. Puede consultarse la página Web del Hemi citada en la nota 1 de este ensayo.

[18] Cf. Sidney Tarrow. El poder en movimiento. (Madrid, Alianza, 2004) . 352 págs. Véase especialmente el segundo capítulo: Repertorio modular de la protesta social.

[19] Incapaz de abarcar aquí la extensa bibliografía respecto a las acciones colectivas de los Nuevos Movimientos Sociales, remito a un par de referencias recientes entre las que se encuentra: Norma Giarraca. La protesta social en Argentina. (Buenos Aires, Alianza, 2001), R. Villalón, “Piquetes, Cacerolazos y Asambleas Vecinales: Social Protests in Argentina, 1993-2002,” MA Thesis, The University of Texas at Austin (2002): P. 70, N. I. Carerra and M. C. Cotarelo, “Social Struggles in Present Day Argentina,” Bulletin of Latin American Research 22, no. 2 (2003): 201-213. Entre otros.

[20] J. Gelman, M. La Madrid, “Ni el flaco perdón de Dios”, Pp. 169-170. “Voces”. Campamento Nacional de HIJOS, Córdoba, Octubre de 1995.

[21] Ibídem, P.71, “Parecía una película”.

[22] Ibíd., P. 50, “Nadie fue capaz”. Cátedra de derechos humanos de Osvaldo Bayer.

[23] Dominick La Capra advierte, con mucha razón la distancia frente a la elaboración de una experiencia traumática que constituye una ausencia del duelo frente a aquellas experiencias determinadas por la pérdida, ya que, “la diferencia entre ausencia y pérdida a menudo queda elidida, de modo que ambas se confunden con resultados que desorientan y son turbios”. D. La Capra. Escribir la Historia, escribir el trauma. (Buenos Aires, Nueva Visión, 2005) 224 págs. Especialmente Cap. 2 “Trauma, pérdida, ausencia.

[24] Gelman, La Madrid, ibíd., P. 372, “Tantos años en silencio”.

[25] Véase Cf. Primo Levi. Los hundidos y los salvados”. En Trilogía de Auschwitz. (Barcelona, Planeta, 1998) 530 págs.

[26] Gelman…ob cit, P.206, “Se los llevaron”.

[27] Ibíd., P. 380,  “Sueños”. Extracto del libro de poemas “Atravesando la noche”, Andrea Suárez Córica. (Avellaneda, Ed. La Campana, 1996)

[28] Véase, Jeffrey Andrew Barash. The sources of memory. Journal of the history  of ideas, 58, No 4. (oct 1997): 707-717.  P. 709.

[29] Gelman, La Madrid. P. 183, “Contradicciones, postergaciones”.

[30] Ibíd., P. 235 , “Dudas”.

[31] Ibíd., P. 78, “Parecía una película”.

[32] Barry Schwartz, “Memory as a Cultural System: Abraham Lincoln in World War II,” American Sociological Review 61, no. 5 (October 1996): P. 908. Traducción personal.

[33] En cuanto a la idea de trama significativa sobra citar el texto clave que desde la antropología interpretativa consolidó dicha categoría: C. Geertz. La interpretación de las culturas. (Barcelona, Gedisa, 1991) 450 págs.

[34] Tomado de P. Flier, B. Groppo, La imposibilidad del olvido. Pp. 127-149. Tengo importantes reservas frente a un artículo de este libro, que tal vez extenderían bruscamente esta cita. En una posterior investigación que adelantaré, con el propósito de extender la presente investigación al ámbito de la performance del escrache, expondré algunas dudas respecto  a la lectura que hace Gabriela Fried en su artículo, “Memorias que insisten”.

[35] Assmann and Czaplicka, “Collective Memory and Cultural Identity,” P. 129-131.

[36] Ibíd, P. 213, “Orgullos”.

[37] Gelman,  ibíd,  P. 216, “Orgullos”.

[38] Ibíd, P. 304, “Visto en sociedad”

[39] Otro de los muy importantes aportes a los estudios sociales de la memoria que aquí incluyo por su pertinencia, a pesar de no profundizarlo, -aunque si señalarlo como un posible abordaje del problema en que me ocupo-, es el artículo de, Jeffrey K. Olick, “Collective Memory: The Two Cultures,” Sociological Theory 17, no. 3 (November 1999): 333-348. En él  Olick establece una distinción oportuna entre “collected memory”, una memoria individual que se alimenta de los marco sociales de la memoria colectiva y una “Collective memory” que contiene la memoria del colectivo en general.

[40] “Historia dudosa de Oscar Hermelo,” http://www.hijos-capital.org.ar/index.php?option=comtent&task.

[41] “Discurso escrache a Bisordi ,” http://www.hijos-capital.org.ar/index.php?option=com_content&task7

[42] “Discurso Escrache a Scifo Modica,” http://www.hijos-capital.org.ar/index.php?option=com_content&sk=

[43] “Discurso escrache Luis Donocik 14-12-02,” http://www.hijos-capital.org.ar/index.php?

[44] “Discurso Escrache Alzogaray,” http://www.hijos-capital.org.ar/index.php?option=com_content&task=vie

[45] Daniel Gutiérrez Vera, “La textura de lo social”, Revista Mexicana de Sociología 66, no. 2 (Junio 2004): 311-343. P 313

[46] En cuanto a la construcción de redes a través de recursos como la imagen en el caso de las Madres se puede consultar,  Fernando J. Bosco, “Place, space, networks, and the sustainability of collective action: the Madres de Plaza de Mayo,” Global Networks: A Journal of Transnational Affairs 1, no. 4 (2001): 307-329, y también Taylor, “”You Are Here”,” Pp. 160-168

[47] “Discurso Escrache Olea 28-06-2003 ,” http://www.hijos-capital.org.ar/index.php?option=com_con

[48] “Discurso escrache a Vidal 28-12-03,” http://www.hijos-capital.org.ar/index.php?option=com_conted=47

[49] “Discurso escrache Luis Donocik 14-12-02.” Web site Hijos.

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